Tres investigadores despedidos por OpenAI cuentan su versión en una carta pública y advierten de un efecto disuasorio en la cultura de seguridad de la empresa. OpenAI lo niega por escrito, y las dos versiones no encajan.
Investigadores de seguridad despedidos por OpenAI responden con una carta
Jasmine Wang, Tomek Korbak y Mikita Balesni, tres investigadores de seguridad que OpenAI despidió la semana pasada, publicaron el 8 de octubre una carta abierta en la que rechazan haber manejado mal información sensible y sostienen que su salida envía un mensaje de castigo al resto de la plantilla. La compañía alega que los tres accedieron y compartieron información confidencial.
La versión de la empresa es que los investigadores hablaron con terceros sobre material reservado. La de ellos es que su trabajo de seguridad siempre dependió de hablar con expertos externos, y que castigar eso convierte una práctica normal en un riesgo laboral.
El tono de la carta no es el de una queja de empleado. Está dirigida a los órganos internos de OpenAI, y en ella los tres describen su despido como un golpe a la forma en que la compañía debería vigilar sus propios riesgos.
No piden volver. Piden explicaciones.
Qué alega OpenAI sobre la información sensible de sus modelos
Según la compañía, los tres investigadores compartieron información confidencial con una organización externa dedicada a la seguridad de la IA. La empresa no ha detallado públicamente qué material ni con quién.
Los afectados niegan ese relato. Aseguran que no filtraron a The Information los detalles sobre una arquitectura más difícil de vigilar de los últimos modelos de OpenAI, y que tampoco contactaron con partes externas fuera del ámbito de su trabajo. Todo lo que hicieron, sostienen, entraba en su función.
¿Y las pruebas? No hay ninguna pública.
Ahí está el nudo del desacuerdo. La misma conducta puede leerse como una violación de las normas internas o como el cumplimiento del trabajo para el que se les contrató. Nadie ha hecho públicos los correos ni los registros que permitirían decidirlo.
El efecto disuasorio que preocupa a los investigadores de OpenAI
El argumento central de la carta es que el daño no se limita a tres personas. Los firmantes escriben que trabajar en seguridad significa ver los riesgos antes que nadie, y que para eso dependen de una colaboración estrecha con expertos externos. La libertad de hacerlo sin miedo, añaden, funciona en sí misma como un mecanismo de seguridad.
Dicho de otro modo: si hablar con especialistas de fuera se convierte en motivo de despido, el mensaje que llega al resto es que más vale no preguntar. Eso, según ellos, endurece la cultura interna justo cuando la compañía necesita lo contrario.
Es la parte del asunto que más discusión genera en el sector. La seguridad de la IA se apoya en controles internos, pero también en la crítica y el intercambio con gente ajena a la empresa. Cuando ese canal se estrecha, el sistema de vigilancia pierde una de sus piezas.
La respuesta de OpenAI y por qué las versiones chocan
OpenAI no ha contestado de forma oficial a la carta, pero sí facilitó a TechCrunch un memorándum interno firmado por un responsable de investigación. En él la empresa reconoce las contribuciones de los tres a la seguridad de la IA y niega que el despido sea una represalia.
La frase clave es directa: las decisiones no tuvieron nada que ver con que plantearan preocupaciones de seguridad ni con que hablaran en público. La empresa separa así la causa laboral del relato de castigo, aunque sin dar detalles sobre qué información se compartió ni con quién.
Las dos narraciones no pueden ser ciertas a la vez. Los investigadores dicen que fueron señalados por hacer su trabajo; la empresa dice que fue por saltarse las reglas de confidencialidad. En medio queda una pregunta que ninguna de las partes ha respondido por completo: dónde acaba la colaboración legítima con expertos externos y dónde empieza la fuga de información.
Por qué este caso importa a quien usa los modelos de OpenAI
A un usuario normal, el despido de tres investigadores le puede parecer un asunto interno. No lo es del todo. Si la gente que audita los riesgos trabaja con miedo a represalias, los problemas se detectan más tarde, y eso acaba llegando al producto que usas.
Más despacio. Peor.
La dimensión temporal tampoco ayuda. El caso ocurre mientras OpenAI negocia capital y prepara su salida a bolsa, un momento en el que cualquier señal de conflicto interno sobre seguridad pesa más de lo habitual. Lo que se cuece dentro de la empresa no se queda dentro.
El siguiente paso es ver si OpenAI concreta su versión con hechos o si deja el memorándum como única respuesta. Sin registros públicos, la discrepancia entre las dos partes se resolverá, como casi siempre, en el terreno de la confianza que cada uno merezca.






